Noche de luna llena, las calles de aquel pueblecito vacías, inertes... No se movía nada.
Javier se iba a dormir tras un duro día de colegio. Se puso el pijama y se acostó. Sus padres también se
fueron a dormir. Después de cinco minutos ya debería haberse dormido pero él
era incapaz de dormirse. Entonces escuchó un ruido en el baño. Pensó que serían
las tuberías del agua y no le dio importancia. Pero volvió a sonar y esta vez más
fuerte. Se levantó de la cama pero no para ver que era aquel ruido misterioso
sino porque tenía que hacer pipí, que estaba a punto de hacérselo encima. Al abrir la puerta del baño no se encontró nada e hizo pipí .Volvió la
puerta de su habitación, la encontró cerrada y no se podía abrir.
De repente desapareció la puerta y se teletrasnportó hasta un
lago hermoso el cual estaba rodeado de árboles. Apareció un minotauro que con un machete en la mano pretendía cortarle
sus dos pies.
Corrió, pero cansado, el minotauro lo cogió de las manos y acercó el machete a sus pies. Le
hizo una raja en unos de los pies pero a él no le dolía en absoluto. Salía sangre pero a él como si nada.
Al siguiente día apareció en la cama cansado y lo que le había
pasado había sido solo un sueño. Se levantó y le dolía un pie. Se los miro y
tenía una cicatriz enorme como del tamaño de un tenedor.
¿Podría haber sido el minotauro?
Desde aquel día no iba a dormir a la cama Javier sin ir al
servicio antes de acostarse. Ese 27 de septiembre se le hizo uno de los días más
raros de su vida.

Roland, no puedes emplear la misma palabra (dormir y derivados) cuatro veces en las seis primeras líneas del texto. Cuidado con la ortografía. El planteamiento de la historia está regular. La idea de algo que ocurre al protagonista y el descubrimiento por su parte de que ha sido un sueño es recurrente, no está mal. 5'5. Tú lo puedes hacer mejor.
ResponderEliminar